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jueves, 11 de marzo de 2010




LA RATITA PRESUMIDA


(partidaria de la mezcla étnica)


Siempre fui partidaria del diálogo interracial. Pero vayamos por partes, que se han dicho muchas tonterías sobre mí.
Todo empezó aquella mañana en que yo barría mi escalera porque no me quedaba otro remedio. Que luego he visto los dibujos esos en los que me ponen con un delantal, allí, barre que barre, cantando como si fuera tonta y encima estuviera contenta, con lo que siempre he odiado las faenas domésticas...

En fin, a lo que íbamos: barriendo me encontré la famosa monedita y decidí comprarme un lazo. Que no es que yo buscase novio sino que a una le gusta estar mona ¿o es que acicalarse es ir pidiendo guerra? Pues parece que sí, porque enseguida empezaron a pasar moscones prometiéndome el oro y el moro.
Yo estaba a lo mío, con la escoba aparcada y leyendo la Metamorfosis de Ovidio, que por cierto, no se la recomiendo, porque es un poco indigesta. Nada de estar sentada y modosita esperando que vinieran a declarárseme. Y menos el ratón ese con el que dicen que me casé. Pero cómo puede una casarse con un individuo que te dice que se va a pasar las noches durmiendo y callando ¡ni que fuera imbécil! No, yo no me casé con ese sansirolé. Tampoco lo hice con el perro, aunque sí es cierto que me lo ligué durante todo un verano, pero le faltaba conversación, sólo hablaba de sus huesos y de un amo que tuvo una vez y que le tiraba continuamente una pelotita como si repetir eso mil veces tuviese la menor gracia. Lo cierto es que en septiembre lo mandé a paseo. Fue entonces cuando conocí al gallo que era muy mono, las cosas hay que decirlas, pero muy estirado. Ese pretendía meterme en una especie de harén con una docena de gallinas, y no estaba yo para andar compartiendo novio con nadie y menos con esa panda de pánfilas emplumadas .
Lo mío en el fondo fue con el gato, digan los cuentos lo que digan. Ese sí que era un tío divertido, lleno de cosas que contar y que se había corrido todos los tejados del barrio y en ese momento estaba dispuesto a compartir tamaña experiencia conmigo. “Ratita —me dije— es tu oportunidad. Siempre lo has dicho: diálogo interracial” Así que, dicho y hecho, dialogamos que ni se sabe. Todo el mundo advirtiéndome “que te va a comer, que te va a comer”. “Por supuesto —pensaba yo— que me coma lo que quiera, para eso estamos.
Luego se fue. De fiar, lo que se dice fiar, no hay prácticamente ningún macho, pero que me quiten lo bailado... no lo barrido.

17 comentarios:

Jesús Arroyo dijo...

Tope-diver, Soledad.

Fíjate, al llegar al gallo he pensado que nada había que hacer por aquello de la pluma (muy respetable por cierto). Lo mejor ha sido lo del gato, ya que me ha dado por pensar que los gatos y sobre todo los de Ursaria, aunque fueran fumadores, no se marchaban a por tabaco.

Vida esta...

Besazos.

Mari Carmen Azcona dijo...

Gracias por contarnos el cuento como es y no como han querido hacernos creer que era.
Esta ratita me gusta mucho más. Demuestra que las relaciones interraciales además de ser interesantes, pueden ser divertidas y, siempre, enriquecedoras.

Un abrazo.

Valeriano Franco dijo...

Cuando leí el título, pensaba que podía imprimirlo y leérselo esta tarde a mi nieta. Pero una vez leído, pienso que voy a tener que esperar hasta que sea un poco mayor, no sea que le quede en el subconsciente y tengamos problemas.
Conociéndote, querida Soledad, sólo tú podías escribir (reescribir/reinventar) un cuento como éste: Precioso, precioso. Con un toque de novedad y sugerencias muy inteligentes. Gracias
Un abrazo
Valeriano

La Solateras dijo...

Mi querida Soledad, dejo de entrar dos días en tu blog, tanto tiempo parado, y me encuentro estas dos joyas tan distintas entre sí y magníficas ambas.

Por favor, prodígate un poquito más que es un lujazo leerte.

Anónimo dijo...

Querida Sol: ¡Me encanta esta versión de La Ratita presumida! Es ingeniosa y divertida. Aunque debo reconocer que la original también me gusta. Eso sí, con una excepción: nada de dormir y callar, que para eso, las hembras de cualquier especie, somos muy hábiles para cambiar las normas.
La ratita de tu cuento se lo montó muy bien: fue adquiriendo experiencias diferentes, llegando a una conclusión, como no podría ser de otra manera: NINGÚN MACHO, ES DEL TODO DE FIAR. Jajaja.

Un beso con mucho cariño.

Mila

Manuel dijo...

¿Ves?. Si es lo que yo digo: se casan con lo primero que encuentran y, luego, ¡arrégleme usted esto!. Bueno, esto en realidad se lo he tomado prestado a un gran genio: Gila.

Esto de lo interracial va más allá de los géneros. Y lo digo porque a mi siemrpe me ha gustado ser ratita, no la del lazo en la cola sentadita en el balcón, no. Sino esa de los tejados que describes con tanto esmero.

Eso si, la experienza me ha costado todo un examen de conciencia para superar culpabilidades religiosas. Lo malo es que creo que, en el fondo, morimos en el personaje de Don Guido.

Será porque, ya se sabe, España es Luz de Roma, martillo de herejes...

Un besazo lleno de ganas de verte.

Alejandro dijo...

Extraordinaria versión, Soledad. Original, ingeniosa, divertida y de gran calidad literaria.
Eso sí, por favor, no penséis mal de los machos, de todos los machos. ¿Alguien se atreve a preguntar al gato por qué se fue? ¡Eh! ¿Por qué se iría el gato, con lo que le gustan las ratas? ¿Por qué? ¿Sólo porque no era de fiar? Eso se le dice a cualquiera.

Gracias, Sol, por el extraordinario rato que me has hecho pasar.

Besos

Alex

Emilio dijo...

Es absolutamente genial. Eso si que es una ratita para ponerla en esas fechas que commemoraban el Día de la Mujer Trabajadora. No es que sea yo mucho de "Días" y "Efemérides" pues yo creo que las reivindicaciones hay que hacerlas día a día y con las actitudes generales, pero vamos, que es muy oportuno. Entre otras cosas porque algunos cuentos crean mitos nocivos y hay que romperlos en mil pedazos...Tú lo haces literariamente con esta joya que es "´tu" ratita presumida, que es la nuestra. Tuve el privilegio de escucharte narrar el cuento en la versión que yo creo que habría que enseñar en todas las escuelas (a partir de la adolescencia, eso sí) de este país. Me encantó entonces...y me encanta que pueda llegar, escrito, a todos los ámbitos.
Espero que pronto se inviertan los términos y tu cuento sea el verdaderamente popular. Yo, desde luego, intentaré reenvíar a todas nuestras amigas y no amigas a tu página...y a otras esferas. Un beso.

Anónimo dijo...

Dios,dios,se olvida desde qué punto de vista y en la época en que se escribieron estos cuentos.El matrimonio era supervivencia para las féminas hasta hace tan poco..que elegir al que te gustaba era una epopeya como este cuento.Echemos la vista atrás,Hansel y Gretel,cuando lo importante era un mendrugo de pan,para sobrevivir,la Cenicienta..,miseria,reflejaban la pobreza,es lo que habia,estaban tan resignadas a que lo único que les sacaria de la pobreza era un buen matrimonio...identificaron tanto el estar bien casadas con la felicidad,que así pasó lo que pasó,sienes y sienes de mujeres enamoradas del gato sinverguenza,o aburridas del raton que solo hace dormir y callar,pero siempre queda un sueño..Blancanieves!!Pero no sé porqué se me dá que pensar..creo que tampoco fueron felices1Y es que el principe azul,es tan fraude,como los hombres que nos guiñan el ojo,tras la barra del bar,o tras los trasnoches de internet..
Bueno como he de firmar de alguna manera y hoy llaman a cuentos,un beso de Alicia.
Eres muy buena escribiendo,Soledad,aunque no me guste tu nombre.Un abrazo.Me gustas tú.
La camarera..de Machin

Anónimo dijo...

Claro, la época cuenta. Por eso, camarera de Machin, son cuentos. Buen comentario. La divergencia supongo que es histórica. No hay crítica en la renovación, sólo intento de superación. Imagino que, por ejemplo, una reescritura de la Biblia a la luz del Humanismo estaría muy bien. Así nos ahorrariamos justificar que Dios le pida a Abraham que le sacrifique a su hijo (aunque en el último momento le haga sustituirlo por un pobre corderito) en la época de la "narración". A mi, personalmente, me gusta mucho que Soledad reescriba a la Luz del progreso y la liberación del alma femenina - del ser humano - el cuento de la ratita presumida. Aunque fuera muy mono lo de "barro mi casita". Hay incluso una cancioncilla que las niñas cantaban - mi madre y mis tías lo hacían - hace... no tantos años como parece.
Saludos.

Port

Anónimo dijo...

A mi me encanta tu nombre, Soledad. Es equivalente, muchas veces, a libertad. También es muy necesaria ( la soledad ) para escribir. La elegida, claro.
Pero tu tienes otro nombre artístico también: Andrea. Andrea Navas. Esto de los nombres, con un poco de imaginación, se puede siempre ampliar. Besos desde Australia.

David Nihalat

Soledad Serrano dijo...

Queridos todos: Es muy agradable, mucho, recibir tantos cumplidos. Llevo una racha un poco tonta y me han venido de perlas. Escribir es lo mejor que uno puede hacer contra la estupidez de los demás, contra las administraciones que todo lo complican en vez de faciliar... Amigos míos, cuánto os lo agradezo, de veras. Soledad

Pilar dijo...

Ay Sol!!
Es que cada día te quiero más! jajaj. He pasado muchas veces por tu blog, y como no veía nada nuevo lo tenia un poco abandonado. Pero es que esto es genial!! Me encanta esta "ratita moderna", con la que la, supongo que como otras mujeres, me siento mucho más identificada. Me ha encantado!!
Está muy bien que la gente se anime a rehacer los cuentos clásicos. Si luego encuentro un link de un video sobre la cenicienta y la bella durmiente modernas te lo pego.
YO SI QUE TE ADMIRO!!
Besos mil

Rosa dijo...

Del tirón me encuentro el drama y la comedia, en la mejor interpretación y sin necesidad de cambiar de máscara. La verdadera joya eres tú; capaz de mover los sentimientos a poco que te dejen un par de teclas…
Gracias por tu luz y tu saber contar las cosas.
Un beso y todo mi amor

Enrique Gracia Trinidad (EGT) dijo...

No nos dejes abandonados, cariño. Sigue soltando por ese teclado.
Mira que te necesitamos.
Mi admiración y un beso
E

Jesús Arroyo dijo...

Vamos a vellll-lo:
Yo sé, me lo ha dicho una ratita presumida sin escoba, que tienes relatos en el cajón de la derecha. No, no, en ese no, en el segundo... ¡Ese!
¿Nos pones alguno?
Gracias, guapa.

media luna dijo...

Querida Soledad:
Sin duda alguna, esta noche mismo cambio el cuento, que ya va siendo hora, y se lo cuento a mi niño de tres añitos casi, para que vaya sabiendo. Y es que las nuevas generaciones darán su fruto.
Con todo mi cariño y mi respeto,
Carmen Jiménez.