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lunes, 31 de agosto de 2009

EL CUERPO RECUERDA

Parece ser que las personas que, por alguna razón, pierden cierto tipo de memoria (hay varias que se ocupan de cosas distintas), no reconocen a sus familiares ni amigos, todo les es ajeno y el sufrimiento es atroz porque nada ni nadie le pertenece ni él pertenece a nadie.. Somos hijos de nuestra historia, sin ella, estamos perdidos. ¿Qué sería de nosotros sin poder recordar la imagen de aquella muchacha, ingenua y torpe, de faldita plisada y melena revuelta que bajaba los escalones de dos en dos, de tres en tres... La que gritaba fuerte, fuerte contra todo aquello que le parecía falso o inapropiado y, un día, tuvo que bajar la voz. Estamos tan llenos de razón siempre.
Somos aquel instante que nos dejó parados ante una verdad que no quisimos admitir, aquel otro en el que abrimos la sonrisa, la voz y la palabra...
Sigamos con lo anterior, que no quiero divagar. Os contaba las vicisitudes de los que pierden la memoria, Bien, pues a un médico se le ocurrió colocar unos electrodos en el cerebro y unos sensores en la piel de un hombre que tenía este drama en su vida y comenzó a enseñarle fotos de sus seres queridos. Una a una las imágenes de esposa, hijos, padres y amigos fueron pasando ante aquellos indiferentes.
—No, no los conozco; nunca los he visto... No me suenan de nada —respondía una y otra vez.
Pero su cerebro y su piel reconocían y los testigos cerebrales y los colocados en su cuerpo gritaban que sí. La respuesta galvánica de la piel estaba ahí para seguir queriendo, para recordar las caricias, el paso suave de la mano en nuestro pelo, el beso dulce o apasionado.
Podemos sufrir un accidente que nos deje sin memoria, pero, está claro que nada se va para siempre, la piel recuerda, la vista recuerda. No sé si es un consuelo, pero, indudablemente, impresiona.

12 comentarios:

Enrique Gracia Trinidad dijo...

Realmente impresionante. Es como la memoria de "otras vidas" que tantas complicaciones da a los profesionales de la mente.
Soy de los que piensa que si el cuerpo guarda algunos movimientos o gestos o costumbres que tenía aquel abuelo al que no conocimos, por qué no va a recordar lo que su cerebro le niega.
Gran tema para reflexionar
Enrique Gracia

La Solateras dijo...

Hola, Soledad. He llegado a tu blog a través del de Manuel y me ha dado mucha alegría encontrarte. Y encima veo que estoy en tus contactos ¡muchas gracias, cielo!
Te pongo en los míos.
Tu post impresionante.

Un beso

Emilio dijo...

"Recuerde el alma dormida..." Y ese alma...cuántos rastreos extraños se han hecho en nombre de ese alma...A mi me encanta ubicarla, aunque se expanda. Y saber que es concreta, aunque viaje. El cuerpo es un lugar y los lugares se visitan...y se recuerdan. Me has descubierto que también ellos pueden recordar.
Es bueno aprender. Es el proceso más mágico de todos. Nos enseña que la ciencia y la filosofìa no sólo son compatibles sino también complementarias. El pensamiento no es enemigo del sentimiento. Son amantes que no se pueden separar. Cuando lo hacen es porque el lugar de encuentro se aleja. Lo aleja el tiempo, lo aleja la propia vida.

Manuel dijo...

Querida Sol:

Odio la Psiquiatría!!!.
Adoro la Neurología!!!.

Bueno, ya se que es una exageración. Pero es que tu entrada me ha emocionado. Ah!, por cierto, cuando divagas, lo haces tan bien, que deberías divagar más... Creo.

Resulta que sabemos aún poco de la sede de los afectos en nuestro sistema nervioso central (SNC). Se reconoce su asentamiento en determiandas estructuras: Hipocampo, Lobulo prefrontal... Pero no de manera precisa, tal como se pueden conocer estructuras celulares y funciones concretas en ese mismo SNC.

Yo me alegré muchísimo cuando se estudiaron más a fondo los Neurotransmisores (Adrenalina, Noradrenalina, Serotonina...), sus acciones y se relacionaron con la fisiopatología de la Depresión y otros procesos. Porque sentí que nos podíamos acercar a una mejor comprensión y a un tratamiento eficáz de este tipo de patologías.

La práctica médica diaria me ha enseñado que la población sigue padeciendo ansiedad, desamor, tristeza; que sigue en muchos casos experimentando el "trastorno adaptativo" que supone su incapacidad para enfrentarse con éxito al problema cotidiano.

Y sufren sin saber cómo narices van a escapar de ese dolor.

Así que no es de extrañar que ciertos recursos de nuestro cerebro nos porporcionen el olvido, incluso el olvido selectivo. Lo mismo que con toda seguridad, en algún lugar de ese intrincado tejido celular, se encuentran nuestras memorias perdidas, hasta la de la Raza Olvidada. Ella, la memoria, aflora por donde puede: unas veces por la piel, otras, en fin, se asoma a nuestros sueños.

Gracias por todo lo que me enseñas. Un beso enorme.

Anónimo dijo...

Hola, Sole. He conocido a varias personas con ese tipo de enfermedades, y todas respondían a una caricia o una palabra de cariño. Creo que la memoria es muy selectiva, y ninguna dolencia puede acabar, del todo, con las sensaciones placenteras que haya grabadas en ella. Me encanta como escribes y que formes parte de este grupo de amigos.
Un besito.
Mila

Rosa dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rosa dijo...

Imagino que debe ser muy duro vivir sin recuerdos, sin arraigos, pero a veces la memoria es nuestro peor enemigo y nos recuerda cuánto hemos dejado en el camino: amigos, familia, proyectos y tantas ilusiones vanas, que con el tiempo se volvieron en contra, para dejar paso a frustraciones.
Sabes que tengo muy cerca alguien que decidió perder parte de su memoria y la llenó de todo/os lo que le había hecho sentir bien en su vida… el resto ya no le servía para vivir en paz y hasta feliz a ratos (creo que poca gente con su cordura y memoria en plenitud, lo consigue ¿no?).
Gracias por estos buenos ratos mi niña.
Un beso sin memoria

Orfeo de dijo...

Desde que puse las primeras notas de mi lira, regalo de Apolo, en un escrito de Santiago Solano o de su secuestradora Elvirita, he estado meditando.
http://santiagosolanogrande.blogspot.com/2009/09/sam.html

Después, alguno lo sabrá, he inventado la cítara de nueve cuerdas en honor de las musas. Cuando la toco dicen que se amansan las fieras y que los árboles y las rocas bailan. Nunca los he visto hacer eso pero si con mi música logro apaciguar un tanto a los hombres ya me doy por pagado.
Como buen hijo de Calíope, la musa de los cantos épicos, el tiempo me es ajeno, así que tanto da que inventara la cítara en los tiempos antiguos como que la haya vuelto a inventar ahora, al arrimo de vuestra escritura
En esta situación no intento apaciguaros a los componente de esa ERA BRADOMÍN, pero sí llevaros al orden de las escalas tónicas adecuadas para que vuestra música de palabras sea alimento de gozo en los oídos de los humanos y no ocasión de más penumbra.
Cuando viajé con los argonautas, marqué con mis notas el ritmo de los remeros. Jamás he vuelto a marcar ritmos ni lo pretendo ahora, pero sí tocaré de nuevo para que, como entonces, las sirenas se suiciden de envidia porque prestáis más atención a mi música que a la suya y así, dejaros el camino expedito para alcanzar vuestro Vellocino de Oro, que como bien sabréis no es ya aquel Crisomallo alado que terminó siendo Aries, sino vuestro “escrito de escritores” que, se llame Elvirita u otra cosa, merece mi aprobación por lo desmedido de vuestro esfuerzo y las ansias de vuestras particulares liras.

Desde mis árboles os miro,
desde el susurro de sus hojas
contemplo siempre vuestra voz
y me complace la mixtura
que os empeñáis en escanciar
para que dioses o mortales
alcen su copas y se tornen
más humanos los primeros,
más divinos los segundos.

Con daros una noticia que desconoceréis, acabo. Sabed que ese Valle-Inclán que preside vuestro grupo, al socaire de su heterónimo Bradomín, es uno de los pocos mortales que tras pasar la Laguna Estigia, conservó su memoria para sorpresa de hombres e inmortales. He hablado con él en los Campos Elíseos del Hades, donde reside en gloria para siempre, y se siente halagado con vuestra asociación y vuestros empeños.
Vale.
Orfeo de Tracia

Soledad Serrano dijo...

Querido Morfeo: No entiendo bien lo que quieres decirme con tu comentario sobre el cuerpo y sus recuerdos. Me parece que el lenguaje de lo que has escrito está muy logrado, pero me da pena no entender qué es lo que quieres decirme. Agradecida si me lo explicas, Sol

Soledad Serrano dijo...

Qeurido Orfeo, perdona por haberte confundido con Morfeo. Sol

antonio castillo dijo...

Hola Soledad, bienvenida a nuestra asociación. Es un honor y un placer tenerte entre nosotros.
La información que nos das es interesantísima, y nos colma de esperanza, tal vez algún día no demasiado lejano, acaben curando enfermedades como el Alzeimer (no se si está bien escrito). Yo tengo el caso de mi abuela, con demencia senil que parece menos grave que el Alzeimer, al menos no es progresiva e incluso da la impresión que oscila en su gravedad de un día para otro. A veces no se acuerda de mi nombre ni del parentesco pero estoy convencido de que en su fuero interno no le soy desconocido. Creo que es muy importante para ellos y para nosotros que no demos importancia a esas lagunas de memoria. Son solo eso, pequeños islotes desiertos de recuerdos, en medio del oceáno de la Memoria.

antonio castillo dijo...

Bueno, perdonad, quería matizar mi comentario anterior. Lo de no dar importancia a ese feo asunto es una expresión, como comprenderéis, relativa. Por supuesto que uno debe acudir al médico, tomar medicinas, etc, lo que quiero dar a entender es que uno no debe caer en la desesperación porque nuestro ser querido no sepa decirnos en un momento dado quien somos para él, pues su parte más íntima e interior, llamémoslo, por ejemplo alma, algo de lo que no le puede privar ninguna enfermedad, nos conoce perfectamente.
Es importante entonces que seamos capaces de restarle importancia a ese tremendo pero temporal horror, sobre todo de cara a no hacer sufrir a nuestro desmemoriado ser querido. Le amamos por mucho que no sepa precisar nuestro nombre en ese instante, y él debe ser consciente de ello.
Y para el que crea que no existe nada más allá de la carne, le debe servir el mismo consejo por razones meramente prácticas.